One, el guionista que nos hizo recuperar la fe en el manga

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Lleva tiempo hablándose de una más que palpable crisis de la industria del manga y del anime. Estos productos, íntimamente ligados en muchas ocasiones, son la punta de lanza de la cultura popular japonesa para invadir otros mercados y abrir la puerta a un sinfín de productos derivados como el merchandising o los videojueogs.

Los japoneses son muy conocidos por su capacidad para trabajar duro y producir mucho. Esto ha hecho que progresivamente las estanterías de las tiendas de cómics se llenen de abundantes colecciones de variopintos mangas. El problema es que una gran cantidad no suele ir unida a calidad y en la actualidad la mayoría de colecciones que vemos parecen un refrito de algo que ya hemos visto antes. Salvando algunas honrosas excepciones, los locales especializados están llenos de arquetipos shonen manidos, fanservice barato y dosis de gore que ya no sabe cómo llamar la atención. Por otro lado, el anime se encuentra en un punto similar. Cada año se producen más series de las que el público es capaz de consumir, pero en vez de aminorar la marcha y reducir la producción se echa más leña a la caldera, reduciendo el nivel general de las series (visible en un primer vistazo con la calidad de las animaciones) y creando de esta forma un gigante con los pies de barro.

Pero efectivamente hay que saber filtrar y entre tanta morralla puede encontrarse algo bueno capaz de aportar algo de aire fresco aunque no renuncie a los tópicos y tramas de siempre. Aquí es donde entra One, un guionista que se está labrando un nombre mayúsculo en el mundo del manga. Hagamos un pequeño repaso de su trayectoria por si alguien anda algo perdido.

One comenzó publicando One Punch Man en 2009 como un webcomic. Con el tiempo se convirtió en un fenómeno viral y alcanzó tanto éxtio que el mangaka Yusuke Murata se ofreció a redibujar One Punch Man para publicarlo como un manga serializado, respetando al máximo la historia de la publicación original. En 2015 el estudio de animación Madhouse produjo el anime oficial de la serie, haciéndose masiva su difusión y descubriendo la obra original al gran público.

No es broma. Así lucía One Punch Man en 2009.
No es broma. Así lucía One Punch Man en 2009.

Hay que comentar que One es un dibujante amateur. Cuando comenzó en 2009, el dibujo de One Punch Man estaba al nivel de un estudiante de primaria, pero poco a poco One se esfuerza por mejorar y el dibujo de su webcomic es cada vez mejor. No obstante, sigue estando lejos del nivel de Yusuke Murata, un autor con un estilo impresionante y capaz de dibujar secuencias de acción detalladas plano a plano que parecen cobrar vida en cada página. Afortunadamente el anime de Madhouse también raya a un alto nivel y recientemente hemos sabido que la primera temporada será licenciada en España y que la segunda temporada ya está confirmada (algo previsible dado el éxito que tuvo la primera).

Abundan los guiños a mangas com Dragon Ball o Attack on Titan.
Abundan los guiños a mangas com Dragon Ball o Attack on Titan.

One es un guionista con un gran talento para crear historias interesantes, divertidas y sorprendentes utilizando elementos recurrentes del manga. Y es que para innovar no hay que reinventar la rueda, sino simplemente tomar un conjunto de clichés, romperlos y reordenarlos de forma inteligente.

En el mundo de OPM existe un número creciente de villanos, kaijus y monstruos de todo tipo. Para contrarrestar a las fuerzas del mal, también hay una Asociación de Héroes que recluta a humanos con poderes sobrenaturales y los organiza por categorías (clase S, clase A, clase B…) según sus talentos. De esta forma la organización puede asignarlos a misiones de riesgo adecuado a su nivel: amenaza nivel tigre (afecta a un pequeño grupo de personas), amenaza nivel oni (afecta a un gran grupo de personas, como por ejemplo una ciudad), amenaza nivel dragón (afecta a un país entero) y amenaza nivel dios (pone en riesgo a todo el planeta).

Saitama, el protagonista de la historia, es un super héroe despistado y al margen de estas organizaciones que comenzó a dedicarse a la justicia porque despertaba en él una gran emoción y le hacía sentirse vivo. Pero gracias a su entrenamiento especial (ved la serie o leed el manga para descubrir el secreto) acabó haciéndose tan fuerte que sólo necesita un puñetazo para acabar con cualquier rival. Tampoco hay criatura capaz de hacerle un sólo rasguño, así que los combates resultan increíblemente aburridos para él.

Gran parte de su aventura es la búsqueda de un monstruo o supervillano que pueda suponer un desafío interesante. En su camino se topa con Genos, un androide que pide convertirse en su alumno para volverse más poderoso. Genos encarna a un arquetipo de héroe mucho más clásico: su aldea fue destruida por un robot desquiciado y su meta vital es encontrar la fuente de este y otros males para acabar con ellos de raíz. También harán acto de presencia secundarios de lujo como Justice Rider, Puri-Puri-Prisoner o Sonic, un villano obsesionado por superar al imbatible Saitama.

OPM deja mucho espacio para la acción ya que aunque Saitama suele rematar los combates muy rápido, los otros héroes y villanos entablan combates muy espectaculares y dinámicos. Evidentemente, la serie está escrita como una parodia pero no renuncia a algunos momentos serios y épicos. Se trata de una deconstrucción del héroe norteaméricano (aludiendo a sus orígenes y motivaciones) y de una vuelta de tuerca al shonen (manga de aventuras enfocado a jóvenes). En el shonen tradicional vemos cómo se repiten algunos clichés de forma irremediable, todos ellos presentes en paradigmas como Dragon Ball o Naruto. En ellos el héroe se enfrenta a enemigos que son más poderosos que él y al mismo tiempo cuenta con un rival que siempre se mueve en un nivel de fuerza muy similar al suyo. Tras una derrota, el héroe acude a un nuevo maestro, un nuevo entrenamiento o un objeto que le hace subir de nivel y en el siguiente duelo el villano es derrotado, reiniciando el ciclo.

En OPM se borra de un plumazo todo ese proceso y comienza a la inversa: la desesperanzada búsqueda de un enemigo que no sea demasiado fácil de derrotar. Sin embargo, en segundo plano ocurren cosas que nos desvían del conflicto de Saitama y plantean cuestiones interesantes, como el opaco entramado de la Asociación de Héroes o por qué los monstruos surgen cada vez con más virulencia en el mundo. Este equilibrio entre la acción desmesurada, la parodia explosiva y el humor japonés puro hacen que OPM sea divertida y accesible tanto para los aficionados al manga como para los advenedizos.

Pero la creatividad de One no se puede contener y por ello comenzó otro proyecto paralelo a OPM que no tiene nada que envidiarle a las peripecias de Saitama. De hecho, incluso puede decirse que se trata de una historia más compleja y rica en matices sin abandonar un sentido del humor que es la seña de identidad de sus guiones.

Mob Psycho 100 también comenzó siendo un webcomic de One publicado por primera vez en 2012. Esta obra sigue el mismo proceso de producción que OPM: tras el webcomic llegó la publicación del manga en 2014 y en 2016 la adaptación al anime.

El protagonista de Mob Psycho 100 es Shigeo, un estudiante de instituto que cuenta con poderes psíquicos impresionantes. Los psíquicos de este mundo se encargan de exorcizar espíritus, demonios y otros entes paranormales. Por casualidades del destino, Shigeo acaba siendo alumno de Reigen, un tipo que se hace pasar por un gran psíquico pero que en verdad lo único que hace es utilizar el poder de Shigeo para resolver casos, embolsarse el dinero y pagarle a cambio un mísero salario de 300 yenes la hora por sus servicios como ayudante y aprendiz.

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Reigen siempre se las apaña para que Shigeo haga el trabajo sucio por él. En el fondo no es un mal tipo.

Mob Psycho 100 cuenta con los típicos desbarres de los shonen en los cuales los enemigos que aparcen van aumentando progresivamente su poder hasta cotas absurdas. Al igual que ocurre con Saitama, parece que el poder de Shigeo (esta vez psíquico, no físico) es incomensurable. Pero por alguna razón que desconocemos al principio, Shigeo intenta mantener este poder bajo llave y lo utiliza sólo cuando es absolutamente necesario. Junto con su poder, también reprime sus emociones, ya que éstas se encuentran estrechamente vinculadas con esa peligrosa arma que late en su interior.

Aunque sea en clave de humor, Mob Psycho 100 refleja estupendamente las alegrías y las penas de los adolescentes: el miedo al rechazo, el deseo de ser popular, el primer amor, la realización personal, la búsqueda de la felicidad… Shigeo sólo quiere ser normal pero no logra encajar en el mundo que le rodea porque carga con una responsabilidad enorme a sus espaldas. La serie bascula hábilmente entre la comedia (por las situaciones y los personajes secundarios) y el drama (resulta triste ver a un personaje de buen corazón sin control sobre su propia vida). Shigeo no es el único psíquico del mundo y pronto conocerá a otros humanos con poderes similares al suyo. Algunos de ellos no tienen unos valores morales tan rectos como los de este tímido estudiante, así que el conflicto se plantea inevitable.

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Las emociones de Shigeo se reflejan en un contador. Cuando alcanza el 100% en alguna de ellas, explota y no puede controlar su reacción.

Mientras sigan surgiendo creadores como One, el manga contará con obras interesantes y de calado universal. Seguiremos con avidez las aventuras de Saitama y de Shigeo y esperamos que One nos siga deleitando con historias como estas en los años venideros.

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